El nacimiento de Kolab no es casualidad. Desde hace más de dos años, la expansión de la inteligencia artificial y su adopción como herramienta de uso cotidiano nos han llevado a una reflexión constante y profunda sobre lo que realmente nos hace humanos. Las lecturas, discusiones, choque de opiniones e incluso el miedo, nos empujan a una pregunta obligada sobre dónde reside el contenedor de nuestra esencia y cuál será el rol que interpretaremos cuando esta herramienta permee todas nuestras interacciones
Aunque no existe una única respuesta, pues aún desconocemos el alcance real, el impacto y las consecuencias de esta tecnología disruptiva, Kolab emerge desde una convicción firme: el futuro de la humanidad reside en su cultura. Entendemos la cultura como el verdadero motor de la colaboración: el legado colectivo de historias, rituales y saberes que nos ha enseñado, a lo largo del tiempo, cómo construir confianza, crear signos y significados compartidos, y sostener la vida en común.
A medida que la IA amplifica la inteligencia no solo individual, sino individualizada, se vuelve imprescindible repensar la manera en que nos relacionamos, reconectar con nuestra memoria colectiva y activar la sabiduría que surge cuando pensamos y actuamos en comunidad. Kolab propone volver la mirada hacia las prácticas culturales que han permitido a los grupos humanos colaborar, cuidarse y prosperar, incluso en contextos de cambio profundo.
Nuestro proyecto piloto de tres meses inicia su recorrido en África —cuna de la civilización— motivado por el deseo de documentar prácticas colaborativas, tanto tradicionales como recientes, que generan impacto positivo, sentido de propósito y bienestar. A través de historias, encuentros, observación en territorio y participación activa, Kolab busca acercarse a estas experiencias y compartirlas como inspiración para imaginar futuros más humanos, colaborativos y sostenibles.
Acerca de Kolab

Kolab es una plataforma cultural y creativa que surge como respuesta a la profunda transformación que introduce la inteligencia artificial en nuestras formas de crear, relacionarnos y decidir. Frente a este escenario se hace urgente volver a otorgarle valor y centralidad a la inteligencia humana, esta que se expresa en los saberes compartidos, los relatos comunes, la memoria cultural y la creación colectiva, como base de toda colaboración significativa, generando procesos creativos y estratégicos a través de metodologías colaborativas y reflexión crítica, que integren la IA como herramienta y no como fin, que permitan construir significados compartidos, restablecen la confianza en la acción colectiva y generan impacto cultural y económico sostenible.

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